grítale al que grita

limitrosfera

Oigo voces en la calle. La cristalera del balcón está abierta, entran el calor, el ruido de los coches y su voz. Una voz enfadada, que grita, que increpa.

Miro hacia fuera. Es él. Ya lo conozco, lo he visto otras veces con otra cara, con otro rostro, con otra ropa y otra apariencia, pero sigue siendo él, no me confunde. Viste con ropa normal, lleva un peinado normal. Sus manos, su cara, sus piernas, sus ojos, todo él, es normal. Ella está sentada en el asiento del copiloto del coche sin dejar de mirar el móvil de manera nerviosa, mientras que él se mueve alrededor. Sus manos se mueven compulsivamente en el aire, sus voces llegan a mis oídos taladrando con sus palabras mi pecho. He escuchado más veces ese balbuceo infame, esa ronquera incomprensible que regurgita su garganta como un éter pestilente que se desliza suave y normal…

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