Discurso de Jesús Casado Rodrigo en el Acto de entrega de los Premios Adriano Antínoo 2015

Sevilla 11 05 2015: IV Edición premio por la igualdad Adriano Antinoo. FOTO:J.M.Paisano

Jesús Casado Rodrígo Sevilla 11 05 2015: IV Edición premio por la igualdad Adriano Antinoo.
FOTO:J.M.Paisano

Buenas tardes.

Verme aquí recogiendo este premio es un regalo. Un regalo para mi vanidad. Gracias por este regalo. A la gente de la asociación Adriano Antínoo y a toda la gente que me aprecia y sé que se alegra por mí.

Pero también me da mucho pudor, y es porque siento que la razón fundamental  de un reconocimiento público es mi participación en SomoS. En este sentido entiendo que a mí me viene grande. SomoS fue un proyecto colectivo, que pudo funcionar gracias a la enorme generosidad de mucha gente. En el reparto inicial de funciones yo asumí como presidente la función de representación. Hoy me hace feliz retomar esa función y recoger este premio en nombre de SomoS. Gracias a Adriano Antínoo en nombre de la gente de SomoS. Y a la gente de SomoS [permitidme que diga solo unos pocos nombres de gente a la que quiero y admiro, José Antonio, Fran, Isidro, Guillermo, Jesús]: con vuestro permiso recojo este premio, que es de todas.

Desde que me anunciasteis el premio, empezó para mí un tiempo de recordar, de hacer repaso, recuperar memoria. Y esto es fundamental. El cambio social es largo, y a cada una nos toca estar solo en uno de los pasos, tratando de empujar la trayectoria en uno u otro sentido. Es importante ver las cosas con perspectiva. Sé que este es uno de los objetivos de la Asociación Adriano Antínoo, os felicito por ello, y os animo a que, más allá de la complacencia, este acto social sirva como punto de partida para esa reflexión sobre la memoria. Hay mucho que aprender de la memoria. Quiero compartir con ustedes tres reflexiones sobre lo que yo he aprendido:

Primero, lo fascinante y lo importante que es participar en un movimiento ciudadano. SomoS fue parte protagonista de un movimiento que articulaba una voz propia para convertirse en sujeto colectivo, activo, reivindicativo… en lugar de delegar pasivamente sus asuntos en unos representantes políticos que, con demasiada frecuencia, en realidad no representan a la ciudadanía.

Segundo, a medida que íbamos construyendo el discurso gay-lésbico en SomoS, yo fui aprendiendo el peso del género. No es que allí me hiciera un hombre, pero sí que empecé a entender lo que significa. Incluso dentro del colectivo homosexual [también dentro de SomoS] estaba clara la enorme diferencia en la situación de los hombres gays y las mujeres lesbianas.

Los privilegios son invisibles. La gente heterosexual se defendía cuando se les señalaban sus privilegios en cuanto heterosexuales. Claro: Igual que los hombres nos defendemos cuando desde el discurso feminista se nos trata de hacer ver los privilegios masculinos, que para nosotros son invisibles.

La homofobia es uno de los pilares fundamentales de la masculinidad tradicional. Para erradicarla hace falta un cambio en los hombres, en la masculinidad patriarcal tradicional, justo lo que también se nos pide a los hombres desde el feminismo.

Desde el movimiento transexual se diferenció identidad de género de orientación. Esto permitió que los hombres gays reivindicáramos nuestra hombría, ser HOMBRES [no “invertidos”]. Los hombres homosexuales podíamos ser tan hombres como el que más. Y tan misóginos y tan sexistas como cualquiera, claro. Esto es un ejemplo de un dilema que nos planteábamos en el colectivo, que en realidad es un doble camino, complementario y necesario: Por un lado eliminar la exclusión ampliando los límites de la normalidad, aun sin llegar a ponerla en cuestión; por otro, eliminar la exclusión rompiendo límites y poniendo en cuestión la normalidad misma, en este caso un mandato de género monolítico, que es patriarcal, jerárquico, y básicamente injusto.

Y esta es la tercera reflexión que quiero compartir. Para mí como homosexual la experiencia de exclusión ha sido subversiva, porque ponía en cuestión el concepto mismo de normalidad y hacía visibles los mecanismos perversos de la normalidad y la exclusión.

Los grupos de poder defienden sus privilegios y tratan de banalizar y desideologizar cualquier movimiento social para que pierdan su potencial subversivo. La ampliación de los límites y la dispersión de luchas ayuda a esto. Es lo que viene ocurriendo en buena medida con los movimientos gay-lésbicos, feministas, antirracistas, pacifistas, ecologistas, ciudadanos o sindicales.

Creo que la diversidad sexual es subversiva. Y creo que apostar por una democracia real y participativa pasa por mantener el sentido subversivo original de todos los movimientos ciudadanos, siendo conscientes de que siempre se trata de la misma única lucha: identificar y combatir los sistemas que estructuran la sociedad en grupos con privilegios y grupos de exclusión.

Gracias.

Jesús Casado
Sevilla, 10 de mayo de 2015

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